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Nacimiento del Miraísmo® Internacional por La Renovación Absoluta®

Miraísmo por la Renovación Absoluta es el nombre acuñado por el Movimiento Independiente de Renovación Absoluta, MIRA, originario de Colombia, para el sistema de ideas filosóficas que deben orientar, desde su perspectiva, el ejercicio del poder público, la gestión cívica y comunitaria y la labor social en los regímenes políticos actuales, sea cual sea su ubicación geográfica o sustrato cultural. A este carácter universalista se le ha denominado, dentro del Miraísmo, la norma moral amplia (Baena, 2012).

MIRA es un movimiento político con proyección internacional, nacido en el año 2000 por iniciativa de cerca de 130 mil colombianos (Congreso Visible, 2010) sobre la base del nuevo régimen constitucional del país —vigente desde 1991— que permitía el pluralismo en el sistema de partidos. A lo largo de doce años, MIRA se consolidó rápida y consistentemente como la novena fuerza política colombiana y como la primera en la historia de la República en patentar su ideología ante la Organización de las Naciones Unidas (MIRA, 2011).

Actualmente, se cuentan organizaciones adscritas al Miraísmo en Estados Unidos, Centroamérica, Suramérica (Ecuador en especial), Asia (especialmente Japón) y Europa. En Europa la organización Miraísta más importante es la "Asociación MIRA España" (Amigos MIRA, 2012). Adicionalmente, la asociación mundial del Miraísmo, creada en 2011 y con sede en Ginebra, Suiza, se denomina "Asociación Miraísmo Internacional" (Miraísmo, 2012).

El Miraísmo es un modelo de conducta humana, social y política que tiene como punto de partida el interior del ser, y que se hace manifiesto en hechos individuales y colectivos. Individuales, con cada ser que procura la Renovación Absoluta, y colectivos, producto de esa sumatoria de logros particulares que dan como resultado la calidad de convivencia, la convivencia con respeto, en el entorno ampliado de la sociedad, la comunidad y la cultura. El Miraísmo considera que la transformación de las estructuras, funciones y dinámicas de la sociedad se da a través de la agregación de las transformaciones en la conducta moral de los individuos y no en sentido contrario. Parte de la mejora del individuo, pasando por diferentes etapas intermedias, para llegar a una sociedad armónica, a una nueva cultura trascendente y transgeneracional y de allí a la felicidad.

Desde esta perspectiva, para la transformación y renovación social, el Miraísmo concibe su mandato político en dos dimensiones, la política como ciencia (técnicas y metodologías para la toma de decisiones y la gestión pública) y la política como arte (altruísmo o motivación ética, intrínseca, individual y auténtica orientada al servicio a los demás). El sujeto político según esta concepción es aquel que sirve y que es capaz de autogobernarse para poder así gobernar a la colectividad, en virtud del concepto clásico de demofilia (en el sentido de amor al pueblo, a las personas). La Renovación Absoluta es considerada por sus promotores como una realidad axiomática, en tanto que se demuestra en su aplicación práctica y evidente y no mediante argumentación teorética, sino suprarracional.

Otro concepto central es la independencia, concebida como no dependencia de factores diversos a la norma moral amplia, eso es, como un logro derivado de la autonomía. Esa independencia tiene dos características que la definen: es propositiva, porque formula propuestas y soluciones ante los problemas y los conflictos que se generan en la comunidad, y es solidaria porque admite acordar soluciones con otras personas y organizaciones en pro del bienestar del colectivo (Baena, 2011).

El Miraísmo incorpora cuatro valores fundamentales al actuar de los individuos en todos los ámbitos, incluidos los políticos, sociales, económicos y ambientales. En ese ejercicio son valores fundamentales la solidaridad, la justicia, la lealtad, y la integridad u honestidad (MIRA, 2011). La Solidaridad o amistad, se dirige al apoyo mutuo para superar las carencias, cuando el objetivo (la Renovación Absoluta) que anima a distintos individuos es común. La Justicia se concreta en la equidad, en el equilibrio, en el trato imparcial y que concede las mejores oportunidades a todos los individuos. La Lealtad consiste en actuar con la verdadera identidad, individual y colectivamente, reconociendo el origen común y la afinidad y no traicionando ni defraudando. La Integridad u Honestidad se especifica en la conjugación de los valores, en el comportamiento ejemplar en todo momento y en todo lugar. La aplicación de los valores en el servicio a la ciudadanía es la realización y la felicidad individual y colectiva.

La Renovación Absoluta se fundamenta en tres principios, a saber, la Veracidad, la Coherencia y la Practicidad (Escuela de Gobierno por la Renovación Absoluta, 2011). La Veracidad, que viene de la verdad, es la declaración de los valores como axiología o conocimiento y como aplicación. La Coherencia consiste en que la verdad o la ética se aplica, los valores se viven, el discurso es la práctica, lo que se habla se hace. Como desarrollo de la coherencia, la Renovación Absoluta impulsa el mérito, recompensa el buen ejemplo social y lo prioriza como un criterio para la toma de las decisiones. La Practicidad asegura que la Renovación Absoluta no se quede sólo en la teoría, sino que el individuo actúe con resultados útiles, que le sirven a la sociedad. Es la efectividad en las acciones y comportamientos, que responden al ideario ético, y se dan con oportunidad y máxima eficacia.

Así las cosas, en relación con la ascendencia cristiana del Miraísmo es preciso también hacer una anotación sobre una de las cuestiones centrales de la Teología de la Liberación en América Latina. Si bien el Miraísmo no pertenece a esta corriente ideológica, sí comparte con ella la idea de que la religión dota de valores necesarios y esenciales a la Política, en contraposición a las afirmaciones de algunos estudiosos que consideran que la relación entrambas es denigrante o retrógrada y que la fe es un alienante para la libertad, con el argumento de que el dogma religioso puede terminar siendo una venda que impide el crecimiento de las ideas políticas. Sin embargo, y parafrasendo algunos de los postulados de esta corriente teológica (Berryman, 1989), es posible afirmar que como signo visible de la dignidad del hombre se requieren estándares óptimos en cuanto a la condición económica, política, social e ideológica, condiciones todas que son susceptibles de ser mejoradas y enriquecidas por posturas cristianas que privilegien el trabajo por los menos favorecidos en la comunidad, la ampliación de las oportunidades y la mejora de las condiciones de vida de todos los miembros de la sociedad. Así las cosas, los cimientos cristianos del Miraísmo (y su praxis) corroboran la afirmación sobre la profunda y necesaria relación de la política y la religión, pues la última llena de virtudes y valor a la primera que, originariamente, fue establecida como norma ciudadana en busca de la vida buena y la satisfacción de las necesidades materiales. Adicionalmente, el Miraísmo no es discriminatorio ni sectario, se debe a todos los seres humanos sin importar las creencias religiosas individuales y no parte de dogmas, sino de axiomas (que se demuestran a sí mismos por la evidencia práctica irrefutable).

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El Miraísmo®, propone un nuevo escenario, la construcción de una realidad diferente a partir del cambio en el individuo propuesto por la Renovación Absoluta®. Desde la Asociación Miraísmo® Internacional, pretendemos contribuir a la construcción de una nueva cultura social, trascendente y transgeneracional basada en los valores y principios del Miraísmo® que operen como una norma moral ampliada.