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LOS MICROMACHISMOS Y LA CULTURA DE VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES Destacado

El 25 de noviembre se celebra el día internacional de la no violencia contra las mujeres: una fecha para evidenciar la situación de vulnerabilidad en la que se ven inmersas, pues como lo menciona ONU Mujeres “una de cada tres mujeres del mundo sufre violencia durante su vida, a menudo a manos de una persona conocida, querida y en la que confía.”[1] violencia que agrava las violaciones a los derechos humanos, provocando enfermedades, sufrimientos y acarreando altos costos económicos. 

Pero esta violencia no solo nace a partir de lo usualmente conocido y que se traduce en agresiones físicas y psicológicas, cada vez más deslegitimadas. En la actualidad estamos empezando a ser consientes de otras formas de violencia en contra de la mujer, formas comúnmente aceptadas por la sociedad y que se reproducen en sus diferentes entornos y escenarios.

Una cultura de violencia basada en género que se ha formado en sociedades machistas y que pese a los esfuerzos realizados a partir de todos los sectores, ha generado una convivencia caracterizada por la asimetría en las relaciones de género que busca una hegemonía del hombre sobre la mujer. Esto ha dado paso a que se hable de “Micromachismos” un termino acuñado por Luis Bonino desde los años 90 que se refiere a las “prácticas de dominación y violencia masculina en la vida cotidiana, del orden de lo micro, (…).  Es decir, son microabusos y microviolencias que procuran que el varón mantenga su propia posición de género creando una red que sutilmente atrapa a la mujer atentando contra su autonomía personal (…). [Siendo] el caldo de cultivo de las demás formas de violencia de género (maltrato psicológico, emocional, físico, sexual y económico)”. [2]  

Por lo tanto son conductas frecuentes, que se dan en el día a día de las personas y en sus interacciones sociales, algunos de estos micromachismos son conscientes y deliberados al momento de actuar por parte de los hombres y otros por el contrario son el resultado de un habito inconsciente, sin planificación, automatizado y que ha sido consentido por el orden social instaurado en nuestras comunidades.

En efecto son dispositivos mentales y corporales que hacen parte del desarrollo de “hacerse hombres”, como hábitos de funcionamiento frente a las mujeres. Empezando a consolidarse desde los procesos de formación, de aprendizaje y crecimiento[3]. Es así como en la mayoría de casos son considerados como comportamientos normales, invisibles y con total impunidad, especialmente para quienes los padecen pues de una u otro manera son actitudes manipulativas que perpetuan los roles típicos que se asumen en la sociedad. Estos, son ignorados a pesar que la reiteración e incidencia de los mismos a través del tiempo y las consecuencias de gran afectación para la libertad y dignidad de las mujeres y para la sociedad en general en la lucha y el camino de alcanzar la igualdad entre género.

Sin embargo, al asumir esta realidad podemos empezar a distinguirlos y tomar acción frente a ellos ya que se presentan en todas las relaciones sociales ya sea desde nuestros hogares al suponer que las labores domesticas pertenecen únicamente a las mujeres, sobrecargándolas con quehaceres. En los intervalos de ocio, considerando que el espacio y tiempo compartido entre personas corresponderá en su mayoría a los hombres. En los espacios laborales, al aceptar que la lógica y “razón” del hombre es la más acertada. Otras tantas que se encuentran bajo un umbral menos visible como la explotación de la capacidad de las mujeres del cuidado de otras personas al considerárseles a ellas como sujetos compasivos, a través de la manipulación del dialogo, haciendo uso de paternalismos, entre muchos otros.[4] Prácticas que no se perciben en el momento pero generan malestar, afectando autoestimas y dejando secuelas que se sientes en el desarrollo y desenvolvimiento de las mujeres en su vida y en la sociedad.

De ahí la necesidad de que este tipo de conductas sean visibilizadas y eliminadas de la vida cotidiana y todo contexto social. Iniciando por desacreditar su tolerancia y suprimir el desconocimiento de estas acciones, pequeñas pero con grandes repercusiones. Por ello la tarea a realizar debe ser continua, trabajando desde las primeras etapas de formación. Pues desde distintas perspectivas como el lenguaje, los gestos, y diferentes escenarios como el trabajo, la calle y el hogar se inician los grandes cambios para eliminar todo tipo de agresiones machistas tanto directas como indirectas y erradicar aquellos imaginarios que legitiman la violencia contra las mujeres, que no distingue de razas, culturas, edades o posición socioeconómica. De esta manera, se generan un impacto en el proceso de igualdad entre personas y la calidad de vida de las mujeres. Brindando oportunidades y poniendo fin a la violencia contra mujeres y niñas, un flagelo que afecta a todo el mundo.

Erika Torres

Miembro Grupo de Trabajo de Mujeres



[1] ONU Mujeres. (2016). Invertir y movilizar para poner fin a la violencia contra las mujeres. http://www.unwomen.org/es/news/in-focus/end-violence-against-women

[2] Bonino, L. (1998). Micromachismos, la violencia invisible en la pareja. Versión actualizada y ampliada, presentada en Jornadas sobre Hombres e igualdad en Univ. de Zaragoza.http://www.luisbonino.com/pdf/mM96.pdf

[3] Bonino, L. (2004). Los micromachismos. Revista Cibeles 2, Ayto de Madrid. http://www.luisbonino.com/pdf/Los%20Micromachismos%202004.pdf

[4] Ibid.

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