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'Y van cuarenta y ocho'. Susana Ávila

Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Cada año, cada 25 de noviembre, escucho por la radio primero y luego por la televisión la escalofriante cifra de mujeres muertas a manos de hombres que un día quisieron más que a su vida y que por eso la perdieron.

Cada año, cada 25 de noviembre, instituciones públicas, asociaciones y partidos políticos a nivel nacional o internacional, se echan las manos a la cabeza y denuncian la violencia que sufren las mujeres y las niñas, una lacra social que lejos de desaparecer parece enquistada en el ADN de las sociedades que hemos construido, en las que sobrevivimos como zombies ajenos al dolor del otro y desterrados de nuestra propia conciencia, ésa que nos impele a trabajar por un mundo mejor, más libre y más justo. Un mundo donde el respeto al otro sea la piedra angular de la sociedad en la que vivimos.

Son ya cuarenta y ocho las mujeres asesinadas en lo que va de 2015 en España. Y Cada año, cada 25 de noviembre, las cifras se suceden como una letanía que nos atonta y adormece cada vez más: 31 españolas, 17 extranjeras, catorce de entre 31 y 40 años, dieciséis de entre 41 y 50, 1 de entre 51 y 60, siete, mayores de 64… Y suma y sigue, suma y sigue… Y otro año más y más cifras… ¿pero que hacemos para acabar con esta lacra que no sabe de fronteras, de edades, ni de nacionalidades? ¿Con qué mundo soñamos? ¿Qué valores defendemos?  Aún hoy cuando parece que las mujeres nos hemos liberado de ataduras y empezamos a ser visibles en nuestra sociedad, millones de mujeres en el mundo entero son brutalmente apaleadas, esclavizadas sexualmente, o despojadas de su humanidad por tradiciones o costumbres que no eligieron y que las mantienen sometidas a la tiranía del hombre, avocadas a una muerte segura. Y van cuarenta y ocho.

Las mujeres seguimos sufriendo en silencio, avergonzándonos al gritar a los cuatro vientos que nuestros maridos, novios, o parejas tienen el alma negra, que nos están robando nuestra vida, cuando no acabando con ella. Y si gritamos, lo hacemos con la convicción de que nuestras lágrimas y nuestros gritos de angustia se los lleva el viento.  Y van cuarenta y ocho.  Pero, ¿qué hacen los hombres de bien para acabar con esta terrible pandemia?  Silencio. ¿Es que no sienten ni padecen? ¿Acaso no le horroriza el daño y dolor que otros hombres causan? Con su silencio son cómplices en cada una de esas 48 muertes. Da igual si el asesino o el agresor fue el marido, el novio, la pareja… Todos tienen parte en ello.

Hace años, José Saramago, escéptico siempre sobre la mejora de la especie,  hablando sobre “la insana persecución de la mujer por el hombre”, un 25 de noviembre, me dijo: “Esta lacra sólo se acabará el día en que los hombres, y solo hombres,  vayan en manifestación por la calle pidiendo justicia para las mujeres y ellas desde las aceras les estén aplaudiendo”. Para el Premio Nobel sólo se podrá acabar con la violencia  de género cuando a los hombres se les caiga la venda de los ojos, porque las leyes escritas están, pero los hábitos también. Romperlos ya es tarea de ellos.

Querido Saramago, ese día llegó y por primera vez hoy les hemos escuchado decir “Yo no soy cómplice” en la campaña contra la violencia de género de la Junta de Andalucía.  No es como tú lo imaginabas, pero es un primer paso.  Gracias a todos los hombres que han dado la cara y puesto su voz para acabar con el silencio, gracias a todos los hombres que ya han dado ese primer paso.

VIDEO: Campaña contra la violencia de género de la Junta de Andalucía. https://www.youtube.com/watch?v=wjHe2y3_hNM

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